Os voy a contar su historia, la historia de Aniram, una chica en plena adolescencia.
Estaba sentada en el sillón de la planta baja de aquel piso de 5 plantas. Cansada de tanta rutina, levantarse, ir a classe y acostarse. Llevaba 14 años viviendo en esa planta y ahora mas que nunca le picaba la curiosidad de saber que habia en las demas. Sin pensarselo dos veces, apreto el boton de el ascensor y no dudo en subir.
En abrirse las puertas, descubrió un maravillo paisaje, como si lo hubieran sacado de un cuento de hadas. La recibierón unos elfos con mucha amabilidad y la acomodarón en una pequeña casita al lado del pantano tan cristalino que habia.
No paró de cojer flores, pasear en barca i hacer otras actividades. Parecia que todo era felicidad, tranquilidad y paz. Se paso la noche entera despierta, contemplando las miles de estrellas que iluminaban aquel precioso bosque.
Por la mañana, se despidió de todos los amigos que habia hecho y volvió a apretar el boton del ascensor para subir a la proxima aventura que la esperaba, la segunda planta.
Se detubo, se abrieron las puertas y observo una preciosa ciudad, con edificios muy altos, mucha gente y muchísimos coches. No dudo ni un momento en ir a recorer las grandes calles, entrar en tiendas y empezar a provarse ropa y mas ropa. Pero no todo era tan fácil, no tenia ni un euro para comprarse nada que le gustase, era muy dificil cruzar por el paso peaton porque había mucho tráfico, pero aun así ella se divertia.
No llego la noche que quiso mas aventura y corrió hacia el acensor, apreto el boton y subio.
Se quedo fria, sorprendida en ver aquel pueblecito tan desagradable. La gente sucia, niños en los huesos y aquello que llamaban casa no se podia comparar con la ciudad donde hace nada habia estado. Paseaba mirando de lado a lado, observando a esa gente tan pobre, que no tenian ni un poco de pan para echarse a la boca.
No soportaba ni un segundo mas seguir viendo tanta tristeza, queria irse y asi fue. Subió palida y triste en el ascensor y apreto el boton para dirijirse a la planta cuarta.
No creia lo que sus ojos estaban viendo, todo era arena, arena que corria con el viento. Caminó horas y horas en busca de un poco de agua, pero ni una gota encontro, estaba cansada, deshidratada y el estómago no paraba de hacerle ruido. Corrió sin parar en busca de ayuda, pero alli sola habia soledad. No aguantaba un segundo mas, queria irse inmediatamente pero no sabia donde estaba el camino de vuelta a casa. La amargura recorria todo su cuerpo.
Estuvo dos noches en vela, buscando el boton del ascensor, ya se habia olvidado de la sed y del hambre, solo queria dejar de vivir para no sufrir como estaba sufriendo.
Finalmente lo encontró y apretó el último boton que quedaba, la quinta y ultima planta. No dudo en accerlo, tenia la esperanza que todo seria distinto, que volveria la felicidad a su mente y a su corazón, pero no fue así. Estaba en la azotea, no habia ni una alma. Observo con desesperación, en busca de alguna cosa en movimiento, pero no encontró nada de nada.
Estaba desesperada y no dudo en lanzarse al vacio para dejar de sufrir y deshacerse de la tristeza y soledad de su cuerpo.
Marina Martínez.
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